Nueva era.

Las palabras se las lleva el viento, pero su significado es eterno.

Un escenario. Personas escuchando. Jóvenes felices, maquilladas y preciosas. Las luces no las enfocaban hasta el gran momento. Aquel momento que estaba indicando una recompensa del trabajo constante, exigente y doloroso. Sus codos estaban doloridos por el año que estaban viviendo.

Las cosas nunca sucedieron como se esperaban. El tiempo se agotaba y hacía más asfixiante el último curso de su etapa en el colegio, bachillerato. Nunca las prometieron que las cosas serían fáciles. Nunca les hicieron el trabajo. Nunca perdieron la ilusión por luchar, por mantenerse en pie durante las épocas más desastrosas. Nunca se perdieron los proyectos de sus amigas y compañeras. Nunca arrebataron una sonrisa, sino que las creaban continuamente. Nunca lloraban por un acontecimiento histórico, pero en esta ocasión fue una excepción. No son personas corrientes. Son jóvenes con talento, inteligencia y elegancia. Son mentes distintas, pero fuertes en equipo. Son quienes me han enseñado que merece la pena, conocer a gente así para crear los mejores recuerdos de tu vida.

Dicen que la vida se vive con pequeños instantes, cuyo valor es mayor que todo el oro del mundo. La vida es mejor compartirla. Es mejor vivir queriendo que odiando. Esta vida mía me ha hecho ser feliz por quienes me están acompañando, por quienes dan todo por mi, únicamente para hacerme feliz, para apoyarme, para quererme y nunca abandonarme.

Posdata: Las alegrías se regalan, mientras que las penas se arrebatan.

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